Cómo creé una leyenda africana para una charla de storytelling
Y lo que sucedió cuando la conté en directo ante un público que no se la esperaba.
El viernes pasado di una charla sobre storytelling.
Veinte personas sentadas cerca de mí, en semicírculo. Podía ver sus caras perfectamente.
Y durante doce minutos, mientras contaba la historia de un joven guerrero africano llamado Jelani, ocurrió algo que no había experimentado de forma tan fuerte.
Nadie se movía.
Nadie miraba el móvil. Nadie tosía. Nadie cambiaba de postura en la silla.
Casi parecía que no respiraban.
Y cuando hacía las pausas didácticas para explicar qué estaba pasando —”esto que acabáis de sentir se llama detonante, es el momento en que el mundo ordinario se rompe”— notaba cómo la gente volvía a respirar. Como si hubieran estado conteniendo el aliento sin darse cuenta.
Al terminar la charla, varios asistentes se acercaron a preguntarme de dónde había sacado la historia de Jelani. Querían comprar el libro. Querían la fuente original.
Y tuve que explicarles que no había libro.
Que la historia la había escrito yo. Para ilustrar el poder del storytelling.
Y me había emocionado en el proceso.
Dentro historia…
El reto: abrir una charla de storytelling…
con storytelling
Llevaba días preparando una charla sobre el método StoryBrand para un evento de Startups Institute. Tenía el contenido claro: los siete elementos del framework, ejemplos de marcas, un ejercicio práctico con un voluntario.
Pero me faltaba algo.
No quería empezar con “¿cuántos de vosotros habéis tenido que explicar qué hace vuestra empresa y habéis visto cómo los ojos de la otra persona se apagan?”. Es un buen gancho. Funciona. Pero es predecible.
Quería que el público sintiera el poder del storytelling antes de que yo lo explicara. Que lo experimentaran en su propio cuerpo. Y después, solo después, desmontar lo que acababa de pasar.
“Show, don’t tell”
Entonces recordé algo que había leído en “How to Write a Dynamite Scene Using the Snowflake Method” de Randy Ingermanson. El libro menciona una historia tribal: una aldea con un rebaño de cabras, su única fuente de alimento, y un depredador asesino que empieza a matarlas.
Ingermanson habla del poder de esta historia, que se cuenta de generación en generación. Y de cómo tangibiliza el poder de las narrativas tribales.
Me fascinó la idea.
Pero no quería contar esa historia. Quería crear la mía propia.
Una que sirviera específicamente para mi charla.
Que enseñara storytelling mientras lo demostraba.
Cómo nació el protagonista: Jelani
Me senté con Claude, la IA de Anthropic, y empecé a trabajar. Tengo todos mis proyectos creativos organizados en Claude, con ingentes cantidades de material de referencia y con un historial enorme, que le permite saber muy bien lo que me gusta.
No le pedí que “escribiera una historia”. Le conté el reto que tenía por delante:
Necesito una narración de diez o quince minutos para abrir una charla de storytelling. Quiero que el público sienta el poder de las historias antes de que yo lo explique con métodos y reglas frías. Y quiero poder hacer pausas naturales durante la historia, donde pueda introducir conceptos teóricos sin romper la magia.
Lo que siguió fue una conversación larga y provechosa.
Preguntas, respuestas, iteraciones.
¿Dónde transcurre? África, hace mucho tiempo. Que parezca una leyenda que se contaba en los fuegos nocturnos.
¿Quién es el protagonista? Un joven guerrero que tiene que vencer su miedo. Que quiere ser fuerte, pero parte en desventaja. Su padre murió en una cacería cuando él era niño.
¿Por qué él? Porque no tuvo un modelo cercano en la infancia, que le enseñara a ser fuerte. Quiere serlo, pero está aterrado de seguir el destino de su padre. Los héroes imperfectos atraen más.
¿Caza solo o en grupo? En grupo. Fundamental. El grupo cohesionado, sin fisuras, puede contra el león. El individuo valeroso —o estúpido— no.
¿Hay un mentor? Sí. Un cazador veterano que fue compañero del padre. Que presenció su muerte y nunca habla de ello. Hasta ahora.
Cada decisión tenía un propósito. Cada elemento estaba ahí por algo.
Preparé un borrador y lo seguí refinando con Claude.
Tras mucho escribir y re-escribir, llegó el momento en que todo encajó.
Todos los elementos que componen una buena historia estaban alineados.
Y el resultado era emocionante.
ESPERA UN MOMENTO: no sigas leyendo si quieres disfrutar de la historia de Jelani sin SPOILERS.
Léela y vuelve después a este post. Te la dejo aquí debajo.
¿Listo para seguir leyendo este post?
Dos momentos que me emocionaron
Hay un punto en la historia de Jelani donde el león ha rodeado al grupo de cazadores y está evaluando a quién atacar. Busca al más débil. Y se detiene en Jelani, claro.
Jelani siente el miedo paralizándole. Gritándole que huya, que rompa el círculo, que corra.
Como su padre.
Y entonces recuerda la voz de su madre. Contándole cada noche, junto al fuego, la leyenda de Colmillo Rojo. El demonio que bajó de las montañas. Los guerreros de las siete tribus que abandonaron sus rivalidades y lo rodearon.
“Y cuando Colmillo Rojo buscó al más débil...”
El miedo desaparece de su rostro.
“...no encontró ninguno.”
Jelani planta los pies en la tierra.
“Porque los guerreros no eran siete.”
El león duda.
“Eran uno.”
Claude generó esa frase para mí. Y cuando la leí por primera vez, se me puso la piel de gallina. LITERAL.
Y cuando Colmillo Rojo buscó al más débil...
...no encontró ninguno.
Porque los guerreros no eran siete.
Eran uno.”
No porque fuera brillante —que lo es—, sino porque entendí lo que significaba para la charla.
Esa frase, que además rimaba, iba a quedarse en la cabeza del público.
Iba a demostrar, sin explicaciones, que las historias transmiten conocimiento de una forma que ningún PowerPoint puede igualar.
El segundo momento emotivo fue hacia el final de la historia.
Después de matar al león, el mentor Kondo se acerca a Jelani. Moja dos dedos en la sangre del animal y traza líneas en sus mejillas. El ritual del guerrero.
Y entonces le pregunta:
—¿Sabes qué significa tu nombre?
Jelani niega con la cabeza. Su madre nunca se lo había dicho.
—Jelani significa “el poderoso”. Te lo puso tu padre el día que naciste.
Kondo da un paso atrás. Y sonríe.
—Hoy te lo has ganado.
Ahí tuve que parar un momento. (Los ojos se me humedecieron. Seguramente me entró una mota de polvo, o algo….)
Porque me di cuenta de que habíamos creado algo que funcionaba.
Algo que emocionaba.
Y que además enseñaba exactamente lo que yo quería enseñar: que las historias no solo entretienen. Nos preparan.
La estructura invisible de las historias
Lo que hace que esta historia funcione es la arquitectura subyacente.
Que no se ve.
Cada elemento está colocado con intención:
El héroe reluctante. Jelani no quiere ir a cazar al león. Está aterrorizado. Un protagonista que debe hacer algo aunque no quiera es más interesante que uno que simplemente quiere.
La herida del pasado. Su padre murió en una cacería. Eso no es decoración; es el motor de su miedo. Y también es lo que hace que la revelación del mentor sea devastadora.
El mentor que guarda un secreto. Kondo no solo entrena a Jelani. Le da la verdad que necesita escuchar aunque duela: tu padre no murió por ser débil, murió por creer que era fuerte solo.
La historia dentro de la historia. La leyenda de Colmillo Rojo no es relleno. Es la información que salva a Jelani en el momento crítico. Su madre le estaba entrenando sin que él lo supiera.
El callback. Cuando Jelani recuerda las palabras exactas de la leyenda en el momento de máxima tensión, el público siente el círculo cerrarse. Literalmente.
El reveal del nombre. Guardamos el significado de “Jelani” para el final. Es la recompensa emocional. El momento donde todo cobra sentido.
Estos elementos no son exclusivos de las leyendas africanas. Son los mismos que usa cualquier buena película, cualquier novela que no puedes soltar, cualquier marca que te hace sentir algo.
Lo que aprendí contándola ante el público
Una cosa es escribir una historia. Otra muy distinta es contarla en voz alta, mirando a los ojos a veinte personas, y sentir cómo reaccionan.
Aprendí que las pausas son más importantes que las palabras. Después de “los guerreros no eran siete... eran uno”, dejé pasar tres segundos de silencio. Parecieron eternos. Y fueron perfectos.
Aprendí que el cuerpo habla. Cuando llegaba el momento de tensión, me inclinaba hacia adelante. Cuando Kondo revelaba la verdad sobre el padre, bajaba la voz. No lo planeé; salió solo. Pero funcionó.
Aprendí que la gente quiere que les cuenten historias. Están hambrientos de ellas. Vivimos en un mundo de feeds infinitos, de información fragmentada, de estímulos que compiten por un segundo de atención. Una historia bien contada es un regalo. Un oasis.
Y aprendí que cuando terminas una historia así, la gente no te hace preguntas sobre los “siete elementos del framework StoryBrand”.
Te preguntan de dónde has sacado la historia de Jelani.
Porque eso es lo que recuerdan.
Porque eso es lo que importa.
¿Ves cuál es el poder de las historias?
El círculo que se cierra
Hay algo en esta experiencia que no puedo dejar de pensar.
Jelani sobrevivió porque llevaba una historia dentro. Una historia que su madre le contó mil noches junto al fuego. Él no sabía que estaba siendo entrenado. No sabía que esas palabras le salvarían la vida. Pero cuando llegó el momento, la historia estaba ahí.
Y ayer, en esa sala, pasó algo parecido.
Yo conté una historia sobre el poder de las historias. Y al hacerlo, demostré exactamente lo que quería enseñar. No con slides. No con frameworks.
Con una leyenda inventada sobre un guerrero africano que nunca existió.
Y funcionó.
Porque las historias son así.
No solo entretienen.
Nos preparan.
Un saludo,
Pablo Renaud
Si quieres seguir explorando el poder de las historias —cómo construirlas, cómo contarlas, cómo usarlas para conectar con otros—, esto es exactamente de lo que hablo en El Círculo.
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Recursos mencionados
“How to Write a Dynamite Scene Using the Snowflake Method” — Randy Ingermanson
El Método Storybrand, de Donald Miller.
La historia completa de Jelani — Para leer o usar como referencia
Claude (Anthropic) — La IA que usé como compañero creativo








Que interesante historia nos cuentas… sobre contar historias que atrapen. Bien allí.
Piel de gallina Pablo!